martes, 12 de junio de 2018

LÁGRIMAS DE SANGRE

Afirmaba un científico en la película La guerra mundial Z que "la naturaleza es una asesina en serie". Nada que ver con esa visión ingenuamente filial, que la define como "madre benefactora y sabia".
Sabia es, si entendemos por sabiduría que casi siempre se sale con la suya: desde la bacteria más simple hasta un cataclismo, todo cabe en su agenda. Terremotos, volcanes, pandemias, ciclones, se desatan con su terrible poder destructivo.
Es verdad que sabe reparar un rasguño o soldar un hueso. Mucho mejor si nos ayudamos de entablillados y desinfectantes. Con las fuerzas telúricas y cósmicas no hay nada que hacer: ¿qué será de nosotros el día que nos colisione un meteoro o se desplome al mar la costa oeste de los Estados Unidos de América?
No es extraño que las sociedades tracen círculos de protección. Los sistemas de creencias son la longitud de esos círculos. Las cadenas humanas a menudo cobran esa forma: uno a uno cogidos de la mano.
El método científico impuso la falsación: no basta con creer, hay que demostrar. Debiera ser la luz que guía las escuelas y universidades, pero se observa una involución a toda marcha.
Pensaba en ello después de ver las noticias una noche de estas: en Mazarrón, Murcia, se estaba produciendo una protesta: cientos de personas rodeaban una balsa minera, cuyo depósito se ha desplazado, amenazando la salud pública.
La zona es inmensa y parece un paisaje de otros mundos. Allí se ha filmado y se toman fotografías. El color rojizo de la tierra, cuando llueve, convierte el gran charco en un lago de sangre. Es como asistir a un milagro.
Bella o no, la zona está enferma. La propia alcaldesa declara que "se produce una imagen visual de charco espectacular". Los informes técnicos, sin embargo, son concluyentes: metales y ácidos perjudiciales se filtran al subsuelo.
Se ha creado una plataforma (¡otra!) para protestar contra el cierre. Las autoridades sellarán y taparán la mina para "garantizar la estabilidad estructural y la seguridad, en caso de producirse una rotura en el depósito de lodos". El flujo podría llegar a una distancia de 3 kilómetros, lo cual representa un peligro extremo.
Afirman  algunos vecinos (siempre empieza uno o dos y le siguen cientos) que "no terminan de creer" a los científicos. Expresan "rabia", "dolor", "mucha pena". Añaden que "no es justo" y apelan a "un consenso". Ésta es otra palabra-sortilegio.
Recordé, no sé por qué, algunos fenómenos milagreros: estigmas, clavos, vírgenes que lloran lágrimas de sangre. En Mazarrón, la madre tierra pide a gritos que le den sepultura, pero sus hijos prefieren creer que vivirá eternamente.
Otra vez se libra una batalla muy vieja: entre la superstición y la ciencia. Aquí en Galicia no es la primera vez que la declaración de "no potabilidad" de un manantial enfada a los vecinos: le tienen fe a esas aguas, ¿qué saben los farmacéuticos lo que es bueno? Estos días se habla de "un asesino silencioso". El radón (Rn 86) pone en riesgo la salud de miles de gallegos. La piedra granítica exhala un gas mortal. Nadie tiene la culpa y poco podemos hacer.
El paisaje de la mina en litigio tiene un aire marciano. Su color encendido lo aleja del verde y el azul terrestres. Está muy en boga ese apego a "algo genuino" que caracteriza una zona. También el instinto de propiedad comunal, pase lo que pase.
Tres ingredientes convergen en la protesta: fe pagana, romanticismo prenacionalista y turismo cultural. Digo esto por la insólita contraoferta de la plataforma: si no queda más remedio que sellar la mina, (y no queda) hay que levantarla de nuevo. Solicitan una réplica exacta recreada de forma artificial. Sería algo así como un inmenso plató de televisión. Me pasma la forma en que los informativos tratan la noticia: se diría que los técnicos son  unos canallas empeñados en amargar a la buena gente.
Si el agua nos envenenara, pediríamos cabezas y responsabilidades. Cuando se nos advierte del peligro (cajetillas de tabaco) preferimos no saber o no creer. Estamos en la sociedad de la prevención y la previsión, pero cobran fuerza los movimientos "antivacunas".
No pasa un día sin que uno se sorprenda: no sé qué opinará de esto el nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Uno de los objetivos en el currículo de Duque es "luchar contra la homeopatía", seguramente porque la considera un fraude. Como astronauta, el paisaje de Mazarrón le parecerá terrestre, y no marciano. Cuando la plataforma grita que "no es justo", ¿a qué se refiere? La naturaleza va a por nosotros y procuramos ir dos pasos por delante. Es la batalla contra la muerte.
El proyecto de la réplica no es una propuesta nueva. Lo hemos conocido con las cuevas de Altamira. Pero el original era un nicho amenazado y no al revés. En Mazarrón la amenaza es la propia mina.
Habrá que empezar a preguntarse con cuánto pasado puede cargar el presente. Preguntémonos si toda reivindicación vecinal merece dinero público. Es verdad que no solo de pan vive el hombre, pero estamos ante una estampa de dimensiones gigantescas.
Quizá sufrimos el "efecto turismo" fusionado con el "sí se puede". ¿Una pista de nieve artificial a 40 grados?, ¡adelante! Somos la sociedad que luce "marcas falsas" a precio de mercadillo, pero el erario de Murcia no es el de Dubai.
 

sábado, 9 de junio de 2018

TIEMPOS MODERNOS

Proliferan por redes y medios las opiniones tipo oh!, mon Dieu!, oh la la! . Son muchas las personas que confiesan su arrobo, ¡el equipo de Pedro Sánchez tiene nivelazo! Lo ha admitido la propia ministra de economía, que luce un ligero aire thatcheriano, afirmando que está encantada de "volver a casa" y que forma parte de un gobierno "estelar".
Desde luego, siempre es mejor tener una autoestima alta que tenerla por los suelos. El peligro está en establecer un argumento falaz: estos ministros son unos genios y sus predecesores eran todo lo contrario. No vayamos a hacer de la necesidad virtud "porque no hay rastas" en el consejo de ministros.
Personalmente, creí que me libraba de una migraña permanente. Preguntarse con quién se va a ensañar ahora La Sexta tiene sentido. Hete aquí que no hablan del "pedrosanchismo" y (con un estilo periodístico deplorable) se han inventado el "postmarianismo". Es como empeñarse en matar a un muerto.
La candidatura de Pedro Sánchez había encallado con síntomas alarmantes de fallo multiorgánico. El PSOE, un Mercedes con carrocería galvanizada y salpicadero de lujo,  no podía permitírselo. Apelar a Pablo Iglesias, su fundador (no Turrión) ya no convencía ni servía para nada en el tiempo de "las nuevas marcas". ¡Ay!, ¡si cada uno revisara todo cuanto se decía entonces!
El mismo Pedro que hoy sonríe, abandonó España muy cabreado y se fue de vacaciones. Siempre le quedaba el consuelo de ser tan alto como el rey y muy guapo. Su papel en los debates a cinco bandas fue de vuelo corto, muy corto. Cortos le quedaban hasta los puños de la chaqueta a este baloncestista que, ¡mira tú por dónde!, tenía los brazos muy largos.
Poco tiempo después, se reveló como lo que era rebelándose. Ni gestora, ni tu tías, ni leches. La norma política de hacer mutis por el foro, si te va muy mal, se la pasó por el arco del triunfo. Para pasmo de muchos, hoy es presidente del gobierno.
El periodismo trata de explicar cómo demonios lo ha hecho. Margarita Robles apela al ejército con mucha convicción, paseando delante de las tropas. Nuevamente se alza la imagen de una institucionalidad a prueba de revolucionarios con pedigrí  y otras faunas, ¿quiénes habían creído ustedes que eran? Todo marcha muy deprisa, ¡así es la vida! Pedro Sánchez, hace unos días, no era ni diputado. Conocerá la inmensa dicha de vivir en el Palacio de la Moncloa. Pero vayamos por partes.
Un nombre ha saltado al ruedo como el artífice de este golpe de mano. Se llama Iván Redondo y tiene 37 años. Este donostiarra ha sido un invitado a las tertulias políticas en calidad de "consultor". Sánchez lo ha nombrado Director de gabinete. Ha trabajado para el PP y dicen que llevó a Morago a la Junta de Extremadura. Asesoró también a Xabi Albiol y al honrado Basagoiti, que hizo presidente a Patxi López. No veo yo que una buena estrategia lo pueda todo, o casi todo, pero escuchar a Iván Redondo provoca crisis de vértigo.
Cuando habla, lo primero que percibes es un caudal sin fondo y sin respiraderos. Es un muchacho que se agota en su propio entusiasmo. Podría definirlo como un diseñador de interiores que mide el espacio hasta el milímetro: nada, ni un detalle, escapa a su análisis. Describe la realidad española como un gran mercado espátula en mano: hombres, mujeres, edades, peligros...si mete por aquí, saca por allá, o viceversa. No hay lugar para un error de cálculo.
17 ministros como 17 soles en lugar de 13. El trece es el número de la mala suerte, ¡qué demonios! Hay, por primera vez en la historia de España, más mujeres que hombres: eso de la paridad es ya (perdonen la expresión) una parida. Yo diría que el libro de Diana López Varela no acierta con el título. Me parece monstruoso, pero no me queda más remedio que transcribirlo. Encuentras una portada en las librerías donde puedes leer No es país para coños, supongo que parafraseando a los hermanos Coen...
La media de edad de este gobierno no satisface a la chavalería Erasmus ni a okupas ni a raperos. La más joven es la portavoz, que cuenta 39 primaveras, (y no 34 como la Lèvy). Tenemos a un septuagenario (Borrell), cuatro sexagenarios (de 61 a 69), ocho cincuentones y tres en la cuarentena, desde los 42 hasta los 47 años.
Estos son días ligeros, de estrenar vestido, por así decir: traspaso de poderes, de carteras, de despachos. Cuando alguien empieza (incluso los que no son novatos o gente de partido) llega confiado a una velocidad propulsada por sus propios pies, como si, por sí solo, pudiera ganar la carrera. Habrá teléfonos reventados con mensajes de felicitación y envidia mal disimulada. Contarán decenas de periodistas esperando una entrevista. Las familias, como es natural, se sienten orgullosas de tener un ministro en casa. Aún así, el mismo nombramiento basta para recibir la primera puñalada.
Es el caso de Maxim Huerta, ministro de cultura y deportes. Fue partenaire de Ana Rosa Quintana y ha escrito seis novelas. Parece que había renegado del deporte, pero solo como castigo autoimpuesto, cuando tienes que dejarte los hígados haciendo abdominales. Sin embargo, algunos viejos tuits están amargándole la rentrée. El hombre es simpático, y amable, y todo eso. Los que critican esta frivolité que le pregunten a Iván Redondo, ¡no solo votan ustedes, señores! En la Universidad de Barcelona, sin ir más lejos, les molesta hasta Cervantes... Este nombramiento es interesante por aquello de que "a nadie le amarga un dulce". Me recuerda el testimonio de un famoso director de la más importante agencia de modelos del mundo. Desveló que se pasaba el día rechazando a candidatas dispuestas, y recibiendo negativas de mujeres a las que él animaba. Y es que a veces hay que saber decir que no. La cultura es esa cosa ligera, ya saben: cultura gastronómica, cultura de la nieve, cultura... Ya no estamos para leer tochos de mil cuatrocientas páginas. La cultura es todo y nada.
El enjuto Pedro Duque se incorpora a esta nave sin que nadie lo obligue. Él mismo ha declarado que todo ocurrió en una semana de vértigo. Eso me hace pensar hasta qué punto estaba todo planificado "por si sonaba la flauta". Ustedes dirán. Tener un astronauta con formación científica y empresarial no deja de ser un lujo reservado para muy pocos. Como pocos, él ha de saber que no existe "Challenger" seguro. Duque es algo así como una rareza estadística: ¿cuántos hombres pueden decir que han orbitado alrededor de la tierra? En él se sintetizan los Carl Sagan, los Hawkins, los "gravedad cero". Ostenta el honor de haber estado algo más cerca de Dios. Si la cosa no va bien o hay cambio de ministros siempre puede asumir la cartera de turismo: estamos a punto de iniciar un nuevo modelo vacacional "en el espacio exterior solo para ricos".
Fernando Grande Marlaska puede epatar tanto o más que Duque, si se lo propone. Es bilbaíno, pero tiene un aire british distinguidísimo y está casado con otro señor. Desde la Audiencia Nacional, supo lo que era vivir amenazado, cuando ETA ejecutaba con tiros y bombas lapa. Más que un juez, es un aglutinador. Las mujeres hetero suelen lamentar que sea homo: una pena que no se fije en una de nosotras. Recuerdo una entrevista con Pepa Bueno, empeñada en arrancarle frases duras contra la llamada "ley mordaza". La respuesta de Marlaska fue: "no estamos en ese escenario". No llega Grande Marlaska para serenar los ánimos de un atribulado Manuel Rivas. En su ensayo Contra todo esto afirma que "la verdadera justicia no es cumplir la ley sino librarla de ella". Se pregunta Rivas retóricamente por qué ahora ha salido de su "torre de marfil", aunque yo lo recuerdo siempre militante, anclado al NUNCA MÁIS.
Ábalos, Batet, Robles y Lastra conforman el grupo de "los incondicionales". Estuvieron a las duras, y ahora toca recoger las maduras. Margarita es mucho más convincente en el gobierno que en la oposición: como mamporrera no era creíble y ahora lo comprobamos. Se entregó al rugido de las masas, cuando salió de las sombras. La judicatura, decía, no estaba vendida al poder, pero sí lo parecía. Y si lo parecía, eso era lo que contaba. ¡No le llega la camisa al cuerpo!
El buque insignia, sin duda, es José Borrell. Ya estuvo con el candidato Sánchez desde el principio. Sería redundante hacer un repaso de su biografía política, de sobra conocida. Si existiera un antídoto contra la Cataluña más desquiciada, ése es nuestro Josep. Su superioridad intelectual deja en ridículo a muchos de sus interlocutores: desde Lucía Etxebarría hasta Junqueras. La pega está en que tal antídoto no funciona y él lo sabe: ha dicho "no les voy a negar que vivimos tiempos difíciles". Es evidente que no está en el gobierno para vender crecepelo. Los independentismos consideran su nombramiento "una provocación". Aquí no voy a aplaudir a Iván Redondo porque yo también me llevaría a Borrell a casa. Diría más bien que a Sánchez le ha tocado la lotería. En la manifestación de Barcelona compartió cartel con un vibrante Vargas Llosa. Pedrito no estaba aquel día "con los fachas". Se arriesgó Borrell y ahora gana Pedro Sánchez. Este chico es un inversionista nato.
El resto son técnicas (y técnicos) desconocidos para "el gran público". Se hacen guiños al bilingüismo, al diálogo, a la diversidad. Es una falta de respeto que justifica el gesto de agonía de Sáenz de Santamaría: pronto va a saber Meritxel lo fácil que es dialogar.
No sé si es real o estamos ante un escenario cartón piedra. Este gobierno cuenta con 84 diputados, ni uno más. Es como tener una orquesta con cuatro tenores mudos en el escenario: pasan los minutos, pero no se oye nada. El objetivo era "echar a Rajoy" y está cumplido. ¿Nadie puede decirle a Pablo Iglesias que deje de mendigar ministerios? Entre pitos y flautas, el tiempo pasará y hasta puede que extraditen a Puigdemont. Ahora toca "ir a por Feijóo".
El millar largo de cargos que están en juego se irán repartiendo por ahí. No tengo idea de a quienes ni me importa mucho. La izquierda tonta habla de "otro gobierno de derechas" porque se han quedado sin vivero. Si ha existido una ignominia, no era esta.
La gran incógnita, en palabras de Schlichting, es el jefe: ¿quién es, en verdad, Pedro Sánchez, más allá de Iván Redondo? El problema no es que se haya declarado "profundamente ateo", ¡solo faltaba! El problema sería que fuera "profundamente superficial".
 

lunes, 4 de junio de 2018

ALMA DE REGISTRADOR

A menudo, el mejor corolario se construye a partir del repaso (de pronto nítido) de lo que los más furibundos detractores, (en un momento, casi todos), pensaban y afirmaron sobre  un hombre.  Como de una tira en negativo, bañada en una sustancia química, van surgiendo imágenes, siempre en un cuarto oscuro, apenas iluminado por luces rojas.
Qué decir del presidente al que unos llamaron "el sátrapa de Españistán" y otros consideran entregado a la inanidad del dontancredismo... Desde luego, no es fumando puros y leyendo un conocido periódico deportivo como se aprueban las oposiciones. Puestos a despellejarlo, los hay que sostienen categóricamente, (¡lo saben de buena tinta, no de mala!), que a don Mariano (y a todos sus hermanos) le "compró su papá" la plaza de registrador. El barriobajerismo verbal y la mala baba española es una eficacísima fuerza centrífuga. Ya lo dijo la diputada Carmen Romero: (no diré la primera esposa de Felipe González) la política te expolia como persona.
Veamos: Diputado no sé cuántas veces, Director General de relaciones institucionales, Concejal y Portavoz. También Presidente de la Diputación de Pontevedra, Vicepresidente de la Xunta de Galicia, ministro no sé cuántas veces, candidato a la presidencia del gobierno.
Es Mariano Rajoy uno de esos hombres de los que se dice que "lleva toda la vida en política". El debate está en dilucidar si sirve de algo (o no) tener un conocimiento tan completo de las estructuras del estado y "tantas horas de vuelo", como diría Feijóo. Rajoy se exige largas caminatas a paso rápido, antes de darse una ducha y vestirse el traje. Cuando era algo más joven, le gustaba mucho la bici y eso significa que es un plusmarquista solo contra sí mismo. No hace falta que diga que se ha hecho mofa de sus paseos por Galicia con Ángela Merkel. Los "putos amos" de esta tierra, como cantaría un rapero que se precie, los habrían echado a patadas por derecho divino. Incólume ante las críticas, él caminaba, y caminaba, y caminaba. Daba la impresión de que siempre tenía una meta, algo más allá de un palmo de narices.
Mariano Rajoy pertenece a una de esas buenas familias leales, que no quieren líos en un vecindario respetable. Tiene un elevadísimo concepto de la discreción como valor supremo y no soporta que sus diputados se molesten en aplaudirle. Cualquiera que se trague las sesiones parlamentarias, debate sobre el estado de la nación incluido, sabe que es sólido y brillante en la tribuna. No sé por qué empeñarnos en rebajar su discurso, escogiendo cuatro tropezones ininteligibles y descontextualizados.
Se dice, en su descargo, que todas las legislaturas tienen luces y sombras porque los que gobiernan son hombres y, por tanto, falibles. Y yo pregunto: ¿desde cuándo, por ventura, existe o ha existido el acierto en política?
Aquí nos hemos desangrado (a punto de morir) por una reválida más o menos, ¡una reválida!, y eso que estábamos muy acostumbrados a jugárnoslo casi todo en la estupenda y justísima "selectividad". La que era por aquel entonces presidenta del sindicato de estudiantes dejaba a los señores catedráticos mudos de vergüenza cada vez que intervenía en un debate. Hace poco la volví a ver en una manifestación feminista y comprobé que sigue sin encontrar el elixir que buscaba. Incluso Twitter podría llegar a ser una fiesta de puesta de largo, a poco que nos esforcemos. Una estupidilla que no mentaré se quejaba ayer de "las burradas" que te dedican en las redes sociales. Ponía sus esperanzas, ¡fíjense ustedes!, en "el nuevo gobierno": ¿se dan cuenta de hasta qué punto hemos perdido la cabeza y cómo confundimos el culo con las témporas?
Técnicamente, a Rajoy se le censura cuando llega la sentencia del caso Gürtel. Mucho tiempo antes, en las calles y mass media, se asumía que "el PP es una asociación criminal". El solemne Ignacio Escolar (ni pizca de sentido del humor) lo repetía hasta aburrirse, no sé si porque no estaba convencido del todo. Yo, que voté al Partido Socialista en muchas ocasiones, recuerdo al presidente Felipe González dando ánimos a su ministro en el momento de entrar a la cárcel de Guadalajara.
Es verdad que hubo un tiempo en el que el mapa español se tiñó de azul, de Norte a Sur y de Este a Oeste. Semejantes cotas de poder son siempre una mala cosa. Así y todo, en el imaginario colectivo, se mezclan los nombres de los culpables y de los inocentes. Las absoluciones, que las hubo, se discutieron en la portada de uno de los más importantes periódicos.
Así, a vuela pluma, todavía recuerdo la expresión de asco de la Consejera de Educación de Cataluña. Asistía a las reuniones que convocaba Wert y se negaba a posar delante de la bandera de España. Vista desde hoy, la anécdota cobra una fuerza inusitada: a Wert (con el consentimiento de Rajoy) no se le ocurrió nada mejor que pagar los colegios de quienes desearan esquivar la inmersión lingüística y al presidente Cataluña se le vino encima.
Quizás, (y al margen de lo que yo pienso), lo que mejor define a don Mariano es "la cuestión aborto". Ciertos matices de la ley de Zapatero provocaron mucho malestar entre los propios socialistas y el PP se comprometió a revisarla. Ya en el gobierno, se centraron en un solo punto, que repitieron en forma de consigna: el aborto era un fracaso, un fracaso triste, un triste fracaso... Don Mariano se negaba "a enredar en esos temas" y Ruiz Gallardón presentó su dimisión. Fue (discúlpenme los discrepantes) un acto de "homologación" en toda regla. El PP se mantenía en los estándares de las legislaciones europeas. Para los socialistas desmemoriados habrá que decir que Felipe González no pasó, en trece años, de "la ley de los tres supuestos".
Me interesa destacar la terrible campaña que se desató desde ciertos medios. Por muy partidario que fuera uno de la ley de plazos, aquello provocaba vergüenza. En la tele llegaron a salir "tullidas" que defendían el derecho (retroactivo) de sus madres a no haberlas dejado nacer. A Gallardón se lo presentaba como un Mengele a la inversa que iba a poblar España de seres deformes y desahuciados. 
Vivimos la reforma de la legislación laboral, la reforma educativa, (reformita), la actualización de la ley de seguridad ciudadana, que databa de los tiempos del ministro Corcuera. Pero la gran bomba llegaría, sin lugar a dudas, de la mano del ínclito Artur Más. Para pasmo de muchos, Rajoy se comportó como lo que es, un ULTRA. La ULTRAdemocracia (como dijo un viejo jurista) es lo que tiene: nos mata a base de garantías. Se tragó el primer referéndum como si asistiera al ensayo general de una obra de Calderón de la Barca. Era el mismo Mariano que acostumbraba a decir "esa persona a la que usted se refiere". Después llegó la vergüenza de los plenos de septiembre y el día 30 de ese mismo mes. A la noche del 30 (con toma de colegios públicos so pretexto de jornadas lúdicas) le siguió el 1 de octubre, que se ha convertido en un nuevo 2 de mayo o en el desembarco de Normandía. El exasperante correo con Puigdemont, (carta va, carta viene), demuestra que se estudiaba cada movimiento armándose de Derecho y de paciencia contra el cinismo de un "emperator". Sólo cuando había verdaderas armas legales, Mariano compareció artículo 155 en ristre. Cesó al gobierno de la Generalidad sin mover una pestaña y sin literatura. Recuerdo una frase como si fuera hoy: "no digan que no fueron advertidos". La intervención de TV3 era vista con recelo por amplios sectores, sospecho que incluido Rajoy. La socialista Carmen Calvo la reclamaba como urgente, eso sí, días antes de la sentencia Gürtel.
Si la corrupción es nuestro principal problema, (o no), es una conclusión que necesita un debate a fondo. Hemos sobrevivido a muchos casos, lo cual no significa que haya que resignarse y no lo hacemos. Financiación ilegal hubo incluso detrás del hoy aclamado presidente Suárez, o eso afirma Mario Conde: una de sus causas, por cierto, se basa en ese hecho. Recojo aquí una frase de la sentencia Gürtel, aún no firme: la responsabilidad del PP es civil a título lucrativo, y no penal, "porque no tiene conocimiento de los hechos delictivos".
Creo que Mariano Rajoy cree firmemente en el estado de Derecho. Creo también que cree en la presunción de inocencia, las garantías procesales, los derechos de apelación. No sé quiénes están más dispuestos a cargarse la separación de poderes, si la derecha, la izquierda, los de villa arriba o los de villa abajo. A Pedro Sánchez ya le piden "que saque a dedo de la cárcel a un puñado de intocables".
Sea como fuere, Quim Torra no ha tenido más remedio que nombrar a gente "limpia" en medio de tanto procesado. Sánchez se estrena, ¡oh, la suerte de los guapos!, con el levantamiento del 155. La democracia que se le exige al nuevo presidente es la República independiente de Cataluña, ¡igual que a Rajoy! Se lo pasan bomba llamando primates a los españoles, pero les sube la bilirrubina cuando es el molt honorable presidente de Tabarnia el que se divierte un poco.
Quizá el mundo que descubriría al mejor Rajoy sería algo así como una democracia perfeccionada: allí no se necesitarían políticos, sino altos funcionarios y técnicos cualificados. El colmo de estas últimas semanas ha sido escuchar a Miguel Ríos llorar por lo pírrica que le quedaba la pensión. Si Mariano Rajoy hubiera dicho ¡iros todos a la mierda!, se habría ganado mi aplauso. Se le ha reprochado que un bolso de Soraya ocupara su escaño, en lugar de su ilustre culo: ¿quieren decirme qué pintaba en el Congreso aquella larga tarde, si ya Sánchez había descubierto sus cartas al anunciar que asumía su presupuesto?
Dicen que salió del restaurante algo cocido, curda, si se me permite la expresión. Es cierto que dio un traspiés y que los guardaespaldas le guiaban. Fue como si por un instante, solo por un instante, aquel opositor tomara aire y cerrara el libro. Yo creo que se había ganado ese derecho el hombre que un día gritó ¡VIVA EL VINO!

domingo, 29 de abril de 2018

¡Visca España!

Sí, confieso que me tragué la última edición de Operación Triunfo, de la pe a la pa. Estaba cansada de la bronca política, de propaganda de la más baja estofa y de especiales de investigación con una voz en off que anunciaba el último apocalipsis. De pronto descubro a un grupo de jóvenes aspirantes que habían superado la criba de la criba de la criba: eran la nueva generación O.T. En concreto, 9 chicas y 9 chicos: 2 canarios, 4 catalanes, 2 madrileños, 2 gallegos, 2 vizcaínos, una navarra, un brasileiro, un mallorquín, un cacereño y un andaluz. La tele apostaba de nuevo por una fórmula que dábamos por muerta y, ¡oh, milagro!, se convertían en trasunto de una juventud educada, que sabía convivir, ganar, perder...
Traba tras traba, el concurso iba avanzando y los concursantes trabajaban duro: no pueden escoger canción, tienen que bailar, cargan con más de un número a la semana. Desde el primer momento, una muchacha de Pamplona le cayó en gracia al público "masivo". Y empezaron a llamarla "Amaia de España".
Era natural y espontánea y se estaba ganando el corazón de la gente precisamente por eso. Cuando subía al escenario, algo que no tienen los demás se manifestaba. También se ganó el corazón de otro joven, (el chico del trombón), que, en mi opinión, no podía dejar de imitar al increíble Salvador Sobral.
Se discutía, (aunque no mucho), que la pobre chica "cargara" con semejante apelativo. Ya el público se había referido a la primera ganadora en la historia de O.T. como "Rosa de España". Se jugaban la representación en Eurovisión pero, ¿a qué viene tanto España? Y dale con España, España por aquí, España por allá...
Amaia estaba predestinada y había sido elegida por una mano divina: finalmente, se hizo con el premio y el dueto con Alfred fue el más votado para viajar a un festival de la canción cuya vida viene y va. Todo había salido a pedir de boca: Noemí Galera supo estar al frente de una "Academia chapeau".
Finalizado el programa, les esperaba la calle, la realidad, el mundo: un interminable calendario de actuaciones, entrevistas, grabaciones. Amaia de España y Alfred solo corrían un riesgo, y no menor: acabar por empalagar al público. La canción es pura nata y ellos "esa parejita típica que no ha roto un plato". Sus familias respectivas han tenido que conocerse y reconocerse, al margen de lo que el futuro les depare. En el escenario, la coreografía es fingida, pero solo en parte. Por toda Europa ya se habrá corrido la voz de que se enamoraron en la Academia.
Así las cosas, a la fecha del certamen se le adelantó "el día del libro". Sant Jordi en Barcelona (aunque no solo allí) es un gran día. Como buen catalán, Alfred le regaló a su pamplonica una rosa y un libro. El título: "España de mierda".
La bandera de la portada y el título encendieron los ánimos al segundo. En realidad, se trata de la primera novela firmada por Albert Pla. En Casa del Libro la presentan como "impresionante debut" y la califican de "on the road". Su autor se revela, según la promoción, "lúcido", "cómico-visceral", "sensible", "preciosista", "tierno", "cabrón", y la novela es "bella", "onírica", "canalla". Antes de pagar los 17'90, se puede leer el arranque. Establece, de una vez por todas, qué será lo que se encuentren los lectores. El título y la portada no son almax para recubrir las paredes de un estómago mareado, cuyos ácidos pretenden salpicar los "supuestos" cimientos nacionales.
Novelas malas, incluso pésimas, hay muchas. Cada una responde a un trabajo más o menos arduo y todo el resto del proceso. Desde luego, el título requiere algo así como una iluminación, un borbotón sincrético. Seguro que Albert Pla se abre camino entre los suyos.
No hace falta que diga que Alfred (y Albert) es una persona libre, ¡faltaría más! Ahora bien, si escogió ese libro, (precisamente ese), fue por alguna razón, o incluso más de una. Algo quería transmitirle a la pamplonica, como cuando se dice "tú lee esto", en el sentido de "cambiará tu percepción de las cosas". Estaba, supongo, ofreciéndole lo mejor de cuanto disponía, que era mucho.
Conociendo al autor, de nada sirve hacerse el desentendido. La noticia saltó a las redes y empezó el jaleo. El bueno de Alfred intentó explicarse pero, cuanto más lo quería arreglar, más lo estropeaba. La pregunta es: ¿qué demonios es el antiespañolismo para tantos de nuestros jóvenes?
Cientos de voces empezaban a protestar y amenazan con boicotear el festival. Al festival, unos cuantos españoles más o menos le da lo mismo. Lo ven 200 millones de personas en todo el mundo, que aplaudirán (o no) esa noche a Amaia de Pamplona y Alfred, de Prat de Llobregat.
La imagen de aquella academia de conexión civil y civilizada quedaba hecha añicos. Ya en Galicia había circulado un bulo sobre las supuestas humillaciones sufridas por Miriam. Todo había sido una ilusión óptica en pantalla plana. El representante de España en Eurovisión se permitía el lujo de ser "un español antiespañolista".
De un modo u otro, Alfred conecta con Pla. Digo esto porque, escuchando al autor de la novela, (¿qué me dirían si yo escribiera ficción bajo el título "Cataluña de mierda"?), he llegado a dudar de su salud mental. El tiro de gracia llega cuando, en una entrevista, preguntan a la parejita qué se llevarían como objeto imprescindible: y Amaia de España contesta "el libro España de Mierda".
Claro, la chica quería distender, zanjar la polémica y defender a su novio. Todo lo que consiguió fue perder apoyos y encender aún más los ánimos. La rosa se había marchitado y el libro era un presente, aunque no fuera ni oro, ni incienso, ni siquiera mirra.
No parece que este extraño fenómeno se manifieste en otro país conocido. España es algo así como el triángulo de las Bermudas. Si entras, los relojes se detienen, las personas se volatilizan, las agujas de la brújula enloquecen, sin norte, ni sur, ni este ni oeste. Es un circo triste, al que le crecen los enanos. Los españoles éramos pocos, y nos parió la abuela. No hay dos sin tres, ni tres sin cuatro. Somos los del La la la, y no los de La la land.
El libro en sí no merecería ni una línea mía, lo cual no significa nada. Estamos hechos, si no a todo, sí a casi todo. Su autor (que ha conseguido venderle un ejemplar al bueno de Alfred) es algo así como un crío grande diciendo caca, pis, pedo. Su sueño: entrar al asalto en todas las instituciones y matar a todo el mundo. El tonillo de las primeras páginas refleja un infantilismo impropio para la edad del sujeto. Más que francotirador, dispara en todas direcciones y en ninguna. Si alguien está cabreado, tiene que ser el personaje y el autor ha de coger las riendas. Mucho tópico y poco oficio. 
A Amaia de España su mayor virtud se le ha vuelto en contra. No todo el mundo la entiende, como no todo el mundo me entenderá a mí. Entre Anna Karénina, (que acaba tirándose a un tren y no goza de las simpatías feministas) y España de Mierda, hay literatura y mucho margen de respuesta. No sé si habrá tenido tiempo de leer la novela. Y es que la fama está muy guay, pero no te lo perdonan todo. Quizá Alfred haya aprendido en la escuela de Pep Guardiola. Como buena esposa, Amaia se inmola con él. No nos saldría peor, aunque lo hiciéramos a propósito.