domingo, 29 de abril de 2018

¡Visca España!

Sí, confieso que me tragué la última edición de Operación Triunfo, de la pe a la pa. Estaba cansada de la bronca política, de propaganda de la más baja estofa y de especiales de investigación con una voz en off que anunciaba el último apocalipsis. De pronto descubro a un grupo de jóvenes aspirantes que habían superado la criba de la criba de la criba: eran la nueva generación O.T. En concreto, 9 chicas y 9 chicos: 2 canarios, 4 catalanes, 2 madrileños, 2 gallegos, 2 vizcaínos, una navarra, un brasileiro, un mallorquín, un cacereño y un andaluz. La tele apostaba de nuevo por una fórmula que dábamos por muerta y, ¡oh, milagro!, se convertían en trasunto de una juventud educada, que sabía convivir, ganar, perder...
Traba tras traba, el concurso iba avanzando y los concursantes trabajaban duro: no pueden escoger canción, tienen que bailar, cargan con más de un número a la semana. Desde el primer momento, una muchacha de Pamplona le cayó en gracia al público "masivo". Y empezaron a llamarla "Amaia de España".
Era natural y espontánea y se estaba ganando el corazón de la gente precisamente por eso. Cuando subía al escenario, algo que no tienen los demás se manifestaba. También se ganó el corazón de otro joven, (el chico del trombón), que, en mi opinión, no podía dejar de imitar al increíble Salvador Sobral.
Se discutía, (aunque no mucho), que la pobre chica "cargara" con semejante apelativo. Ya el público se había referido a la primera ganadora en la historia de O.T. como "Rosa de España". Se jugaban la representación en Eurovisión pero, ¿a qué viene tanto España? Y dale con España, España por aquí, España por allá...
Amaia estaba predestinada y había sido elegida por una mano divina: finalmente, se hizo con el premio y el dueto con Alfred fue el más votado para viajar a un festival de la canción cuya vida viene y va. Todo había salido a pedir de boca: Noemí Galera supo estar al frente de una "Academia chapeau".
Finalizado el programa, les esperaba la calle, la realidad, el mundo: un interminable calendario de actuaciones, entrevistas, grabaciones. Amaia de España y Alfred solo corrían un riesgo, y no menor: acabar por empalagar al público. La canción es pura nata y ellos "esa parejita típica que no ha roto un plato". Sus familias respectivas han tenido que conocerse y reconocerse, al margen de lo que el futuro les depare. En el escenario, la coreografía es fingida, pero solo en parte. Por toda Europa ya se habrá corrido la voz de que se enamoraron en la Academia.
Así las cosas, a la fecha del certamen se le adelantó "el día del libro". Sant Jordi en Barcelona (aunque no solo allí) es un gran día. Como buen catalán, Alfred le regaló a su pamplonica una rosa y un libro. El título: "España de mierda".
La bandera de la portada y el título encendieron los ánimos al segundo. En realidad, se trata de la primera novela firmada por Albert Pla. En Casa del Libro la presentan como "impresionante debut" y la califican de "on the road". Su autor se revela, según la promoción, "lúcido", "cómico-visceral", "sensible", "preciosista", "tierno", "cabrón", y la novela es "bella", "onírica", "canalla". Antes de pagar los 17'90, se puede leer el arranque. Establece, de una vez por todas, qué será lo que se encuentren los lectores. El título y la portada no son almax para recubrir las paredes de un estómago mareado, cuyos ácidos pretenden salpicar los "supuestos" cimientos nacionales.
Novelas malas, incluso pésimas, hay muchas. Cada una responde a un trabajo más o menos arduo y todo el resto del proceso. Desde luego, el título requiere algo así como una iluminación, un borbotón sincrético. Seguro que Albert Pla se abre camino entre los suyos.
No hace falta que diga que Alfred (y Albert) es una persona libre, ¡faltaría más! Ahora bien, si escogió ese libro, (precisamente ese), fue por alguna razón, o incluso más de una. Algo quería transmitirle a la pamplonica, como cuando se dice "tú lee esto", en el sentido de "cambiará tu percepción de las cosas". Estaba, supongo, ofreciéndole lo mejor de cuanto disponía, que era mucho.
Conociendo al autor, de nada sirve hacerse el desentendido. La noticia saltó a las redes y empezó el jaleo. El bueno de Alfred intentó explicarse pero, cuanto más lo quería arreglar, más lo estropeaba. La pregunta es: ¿qué demonios es el antiespañolismo para tantos de nuestros jóvenes?
Cientos de voces empezaban a protestar y amenazan con boicotear el festival. Al festival, unos cuantos españoles más o menos le da lo mismo. Lo ven 200 millones de personas en todo el mundo, que aplaudirán (o no) esa noche a Amaia de Pamplona y Alfred, de Prat de Llobregat.
La imagen de aquella academia de conexión civil y civilizada quedaba hecha añicos. Ya en Galicia había circulado un bulo sobre las supuestas humillaciones sufridas por Miriam. Todo había sido una ilusión óptica en pantalla plana. El representante de España en Eurovisión se permitía el lujo de ser "un español antiespañolista".
De un modo u otro, Alfred conecta con Pla. Digo esto porque, escuchando al autor de la novela, (¿qué me dirían si yo escribiera ficción bajo el título "Cataluña de mierda"?), he llegado a dudar de su salud mental. El tiro de gracia llega cuando, en una entrevista, preguntan a la parejita qué se llevarían como objeto imprescindible: y Amaia de España contesta "el libro España de Mierda".
Claro, la chica quería distender, zanjar la polémica y defender a su novio. Todo lo que consiguió fue perder apoyos y encender aún más los ánimos. La rosa se había marchitado y el libro era un presente, aunque no fuera ni oro, ni incienso, ni siquiera mirra.
No parece que este extraño fenómeno se manifieste en otro país conocido. España es algo así como el triángulo de las Bermudas. Si entras, los relojes se detienen, las personas se volatilizan, las agujas de la brújula enloquecen, sin norte, ni sur, ni este ni oeste. Es un circo triste, al que le crecen los enanos. Los españoles éramos pocos, y nos parió la abuela. No hay dos sin tres, ni tres sin cuatro. Somos los del La la la, y no los de La la land.
El libro en sí no merecería ni una línea mía, lo cual no significa nada. Estamos hechos, si no a todo, sí a casi todo. Su autor (que ha conseguido venderle un ejemplar al bueno de Alfred) es algo así como un crío grande diciendo caca, pis, pedo. Su sueño: entrar al asalto en todas las instituciones y matar a todo el mundo. El tonillo de las primeras páginas refleja un infantilismo impropio para la edad del sujeto. Más que francotirador, dispara en todas direcciones y en ninguna. Si alguien está cabreado, tiene que ser el personaje y el autor ha de coger las riendas. Mucho tópico y poco oficio. 
A Amaia de España su mayor virtud se le ha vuelto en contra. No todo el mundo la entiende, como no todo el mundo me entenderá a mí. Entre Anna Karénina, (que acaba tirándose a un tren y no goza de las simpatías feministas) y España de Mierda, hay literatura y mucho margen de respuesta. No sé si habrá tenido tiempo de leer la novela. Y es que la fama está muy guay, pero no te lo perdonan todo. Quizá Alfred haya aprendido en la escuela de Pep Guardiola. Como buena esposa, Amaia se inmola con él. No nos saldría peor, aunque lo hiciéramos a propósito.

lunes, 23 de abril de 2018

PERFORMANCE

Fiel a su tradición de publicar en el diario Gara y con fecha de 8 de abril, ETA ha decidido hacer pública una declaración, (con nota explicativa añadida), "sobre el daño causado". Se dirige "al pueblo vasco" como único interlocutor válido y nicho natural, y se define "organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional". Quizá piensan que en todos esos apellidos ilustres encontraremos su marchamo y un magnetismo ideológico puro. Los nobles fines justifican medios más discutibles...Son  generaciones de milenials con alguna mano blanca para manejar el bolígrafo, marcadas a fuego, dicen, por el resplandor de Guernica.
Empiezan por reconocer "el daño causado" en el transcurso de su "trayectoria armada". Más que un grupo terrorista, se diría que habla un ilusionista en cinemascope. A los crímenes los llaman "consecuencias del conflicto": es decir, si mataron, fue porque no hubo más remedio. No solo se comprometen con la superación (¡ay!), sino con la "no repetición", dueños absolutos, claro, en el diseño de nuestro futuro. Si en algo han sido vencidos, tal batalla es la del relato: sus detractores son unos mentirosos.
El tiempo del dolor ("desmedido") abarca "estas décadas", indefinidas en el texto. "En nuestro pueblo", afirman con el impersonal, "se ha padecido mucho". Mencionan "muertos", "heridos" y "torturados", todos indiferenciados, aunque no señalan la extorsión económica como cota de malla del terror silenciador y sistematizado. No olvidan a las "personas que se han visto obligadas a huir al extranjero", tipo De Juana Chaos, que acabó montando una licorería en Chichiriviche. Se fue perseguido por una justicia "disfrazada" de ley, coautor de actos diluidos en una responsabilidad colectiva.
Con una frase que corta el hipo, sentencian que "nada de ello debió producirse jamás". Es tanto (y tan poco) como decir que se produjo y punto. Después llega el paliativo, ¡cómo no!, y es que nunca falla: la causa segunda (después de Guernica) fue "el conflicto político histórico". Se trata, al parecer, de un sufrimiento exclusivo y anterior al nacimiento de ETA. Para colmo, a pesar de haber dejado de matar, ese sufrimiento persiste. La conclusión no es otra, pues, que ETA no podía no haber nacido. Tuvo su tiempo, su legitimidad, sus errores y su final. Dos son los culpables: el estado, (pasado, presente y futuro, pues siempre será el estado) y las fuerzas autonomistas, dicho así. En el "honesto" reconocimiento de la culpa, sin embargo, (¡estamos de enhorabuena!), ETA les lleva la delantera moral. Es nuestro turno, señores: declarémonos, cuando menos, corresponsables.
Aseguran querer mostrar respeto a los muertos, (damnificados por "el conflicto" y no por las balas y las bombas). Llegan ustedes muy tarde, porque lo que querían los muertos era vivir. Llaman "acciones" a los crímenes y añaden un lacónico "lo sentimos de veras". Más parece una exigua cortesía concedida, después de negarnos lo que sería exigible.
Siguen con ese verbalismo de parvulario y abren brecha entre las víctimas: salvan, de entre todas, a "quienes no tenían participación directa en el conflicto". No sabemos a quienes se refieren, ni cuáles son los nombres de unos y otros, ¿cuántos, pues, son culpables de haber sido asesinados? Si contabilizamos Guardias Civiles, (fuerzas represoras) y políticos, la petición de perdón se restringe a muchos menos. Gregorio Ordóñez, en paz descanse, merecía la bala que lo mató. Otros, ¡pobres!, pasaban por allí y sus asesinos se vieron "obligados por las necesidades de todo tipo de la lucha armada". Respetan tanto la normativa estos muchachos, que hablan de "ciudadanos y ciudadanas". También entenderían que nos revolviéramos en nuestros asientos: no estamos obligados a aplaudir. ¡Vaya!, ¡muchas gracias!, ¡agradecidos de veras! La democracia gramatical...¡resulta tan fácil!
No podía faltar un recordatorio a las víctimas de la cloaca estatal. Nos exhortan a no caer en el error de aplaudir tales crímenes. Otra vez ese "por el otro lado también hubo..." Ténganlo ustedes en cuenta. Añaden una ráfaga de deseos, así, lanzados al viento: ¡ojalá, se lamentan, nada de esto hubiera ocurrido! Ojalá es una expresión de influencia árabe; Ox-Alá. ¡Por Alá no pudo dejar de ser lo que fue por la voluntad de los hombres!
Todos, según esta ETA del biberón, tienen que reconocer sus responsabilidades. Es un "todos" disolvente, diluyente, exculpante. El mea culpa trata de fortalecerse afirmando que siempre reivindicaron sus actos. Como iban "a cara descubierta", eso los hace mejores. Este texto pírrico es un autohomenaje parido en el estado del ultrabienestar. Puedo imaginarlos, debatiendo en sus locales. ¡Pido la palabra!, ¡y yo!, ¡y yo también! Después siguen discutiendo en la ruta del pintxo-pote, con sus cortos de cerveza y sus iphones apple.
Si un halago sale de sus entrañas, (falsamente totalizador), se reserva para la ciudadanía vasca. Se la limpia, ya de entrada, de vicios como el cinismo y la hipocresía. "El conflicto" como epifenómeno sigue capitalizado y dando buenos réditos. Y pide a gritos, (concierto aparte) una solución democrática.
En la nota explicativa se ofrecen como documentalistas para los vascos que quieran trabajar sobre la historia de ETA. La tarea de sacar a la luz "toda la verdad", nos dicen, sigue pendiente y, por lo que se ve, no se le confía a cualquiera. Podrían empezar por decirnos quién mató a quién: el diario de Yoyes, desde luego, fue muy esclarecedor. La frase final apunta a esa mano con ciertas inquietudes literarias. Acabar con el bombardeo de Guernica es toda una licencia poética. Bombardeos hubo muchos, pero aquí estamos los descendientes. Esas llamas se apagaron, mucho antes de tanta sangre derramada.

viernes, 16 de marzo de 2018

YOUNGOLDERS

Es difícil, tras la huelga del día 8, no sentir las regurgitaciones del empacho: un puñado de eslóganes y mucho escombro es todo lo que va a quedar. Aún resuenan por poniente los cánticos a "la mujer" como criatura. También se oye el eco de "la libre expresión" de infamia, volcada sobre mujeres "con altos cargos de responsabilidad".
Con los más encendidos elogios hay que andarse con mucho ojo: están plagados de trampas en su propia definición. Se exalta a "la mujer completa", aquella que puede con todo. Al hacerlo, de forma subrepticia, se la anima a que siga así, cargando con ese todo.
Nunca un clima social convulsiona espontáneamente. Se necesita un humus previo, una convocatoria y confiar en "la dinámica vírica". Contagiarse no es pecado, pero uno debe confiar en su sistema inmunológico: estás expuesto y bien expuesto, observas y a ver qué te parece.
Una "New Age" de feminismo ha eclosionado incendiando una efeméride. El caso Weinstein, y el subsiguiente Me Too, fue un terremoto con réplicas a escala global. Las placas parecen algo más tranquilas, entre "las viudas de Hollywood". Se vistieron de negro, que es el color de nuestro luto. No me resisto a recordar la enigmática frase de Alison Janney, al recoger su óscar: ¡Lo he conseguido, dijo, sin hacer nada! Hacer, lo que se dice hacer, claro que hizo, ¡su papel! Pero el Me Too lo había sepultado todo bajo un manto de estiércol. La carrera de cualquier actriz, (y no sólo la conducta del extorsionador), quedaba bajo sospecha. "La mejor actriz de reparto 2018" sacó la cabeza y dijo que "ella no", o "a ella no", como prefieran.
El día 8 de marzo se celebra desde hace tiempo. Primero se le dedicó a "la mujer trabajadora" y, más tarde, "a la mujer", a secas. No pasaba de ser una fecha anodina, de corte institucional, cuasi obligada. ¿Qué ha sucedido este año y por qué ha sucedido?
Más que ante una huelga general, estábamos ante una huelga omnímoda. El feminismo aspira a ser un "paradigma", un auténtico sistema filosófico. Sus preceptos deben explicarlo todo. Nada escapa a su interpretación. Si los datos no encajan, ¡peor para los datos!
Vivimos tiempos de incertidumbre inducida, porque nunca se ha malvivido tan bien. Hasta Santi Vila culpa a Twitter de la inconcebible irresponsabilidad del independentismo catalán. No hay sosiego en ninguna parte y la vida es una perpetua demanda. Avanzamos con una tasa de divorcio altísima y las nuevas formas de empleo nos convierten en nómadas. Bajo el suelo de ciudades de lujo, (humanizadas y plagadas de esculturas), fluye un magma caliente y líquido. Los "grupos de pertenencia" son los nuevos refugios antiaéreos. Si un negro cae abatido por la policía, en los EEUU resurge el conflicto racial. Pero ya tuvieron un presidente "de color" y Morgan Freeman se niega a discutir en esa clave.
Más que un feminismo constructivo, estamos ante otra forma de nacionalismo. Además de una "teología de la liberación femenina", se trata de "un grupo identitario". Desde el púlpito se nos llama a filas, a todas las mujeres en tanto que mujeres. ¡Marchemos juntas de la mano! ¡Si paramos, para el mundo! Esa exhibición de poder se contradice con el victimismo: si las mujeres paran, el mundo se detiene solo en parte. Si se expresa así, es por un único motivo: reconocerse chachas, recogecalcetines, limpiabotas, felpudos.
Además, y ya en España, ha calado el tándem 68-2018. Es decir, los jóvenes del mayo francés (youngers) van a salvarnos de nuevo, (olders). Si uno lo piensa bien, la maniobra es muy hábil: contiene la fascinación que suscita un círculo perfecto y cerrado. Así las cosas, formulamos una pregunta: si tan valientes fueron, ¿por qué no desalojaron a Franco? Es mucho más fácil sacarlo ahora del Valle de los Caídos. En sospechosa correspondencia, se alza el nuevo feminismo. Ha de ser, por así decir, un feminismo "frentepopulista". Begoña Villacís, sin ir más lejos, fue vejada como hereje. Es la eterna cuestión que yo llamo "el expediente Thatcher". A la primera primer ministro del Reino Unido se la llamó "dama de hierro". La pobre Margaret, ¿cuenta o no cuenta? Porque si no cuenta, hay que empezar de cero.
El especial de La Sexta Columna fue un buen ejemplo de lo que digo. El programa iba analizando "la situación de las mujeres" en bloques temáticos. La edad de las intervinientes abría un abanico completo. La total ausencia de hombres lo convirtió en un gineceo autoexcluyente. Escuchamos a Laura Freixas, (a la que el argumento de Lolita, de Nabokov, le causa escándalo), y a un grupo de músicos (¿digo "músicas"?) muy jóvenes, que luchan con letras provocadoras. También tuvimos el dudoso honor de conocer a una reescribidora de cuentos "clásicos": hace de la propiedad intelectual, (Caperucita, Blancanieves, La Cenicienta), lo que le viene en gana.
Empezaré por la convocatoria de la huelga, tal y como estaba planteada. Además de al feminismo, tenías que abonarte al lote entero. Comprar lotes es lo que tiene: pagas doce piezas, cuando solo necesitas dos. Mi madre me enseñó a desconfiar y nunca lo olvido. A eso hay que añadir el tufillo "anti": eres anticapitalista, anticlerical, anti, anti, anti...
El segundo punto y el que más me irrita es la vigilancia en el lenguaje. Diciendo "ellos y ellas" no solucionamos nada. Más bien al contrario: reproducimos la imagen de Adán y su costilla. De la "o" surge la "a", si se le añade un rabito. Si se apela a la "visibilidad" es porque nos consideramos invisibles. Cuando yo leí El Corazón del Hombre, de Erich Fromm, me di por aludida. Hombre, en el sentido de especie, en contraposición al perro o al lagarto. Nunca marginando a "la mujer", que ya abandonó el Paraíso hace mucho tiempo. La perversión del lenguaje, (a la que no escapa nadie), suele estar en los sintagmas. Incluyen sobreentendidos, falacias, relaciones forzadas. Pongo como ejemplo la expresión "madre trabajadora". No se oye jamás hablar del "padre trabajador". Al usarla, de modo automático, se plantea una disrupción nunca resuelta: o eres madre a medias, o eres trabajadora a medias. En un acto de honestidad reconozcamos que ellos tuvieron su cruz: allí donde una mujer se quedaba en casa, había un hombre sobre el que recaía "demasiado peso". Cito al personaje de Misericordia, la novela de Galdós: como no puede alimentar a tanta hija, sube al monte y se pega un tiro.
El trabajo me lleva al punto tercero, la llamada (otro sintagma) "brecha salarial". Hay que saber quién efectúa los cálculos y cómo lo hacen. A poco que se revisen los datos, la impresión general cambia mucho. Ahora circula por todas partes un porcentaje infamante: ¡somos la mitad de la población mundial y solo poseemos el 1 por ciento de los bienes! A ver si va a ser otro mito, como el de las balanzas fiscales. Quizá sea el resultado de un exceso de burocracia. Se encargan estudios y estudios de estudios, y después se publican y se citan por todas partes.
El sábado en La Sexta Noche invitaron a una empleada de Puertos. Parecía algo despistada: no sé, no sabría decirle... La brecha salarial no era, según ella, "cuestión de dinero". ¿En qué quedamos?, ¿hay brecha o no hay brecha?
Punto número cuatro, el abuso y el acoso sexuales. Lo dije en otro artículo: se excluye injustamente a los hombres. Días después de publicarlo, un grupo de jóvenes denunciaron a un fotógrafo. Los niños-marido, no lo olvidemos, también son víctimas del "matrimonio infantil".
Punto número cinco: las tareas domésticas. Increíble que la población civil no resuelva lo que resolvió el ejército. Si lo comentas entre amigos, las mujeres te corrigen: ¡ahora es diferente!, ¡mi hijo hace más que mi nuera! Claro, lo que está en juego es su papel como educadores "en igualdad". Entonces, si no hay problema, ¿a qué quejarse?
Punto número seis: la violencia llamada "de género". La media ronda las cincuenta y cinco mujeres asesinadas. En un país de casi 48 millones de ciudadanos, se trata de "una enfermedad rara". Expresarlo así, entiéndaseme bien, no implica subestimarla. Pongo como comparativa otra cifra abrumadora: casi cuatro mil personas se quitan la vida cada año solo en España. Me detendré en un fenómeno inquietante: la violencia que las mujeres descargan sobre los niños. Tenemos cifras, pero son silenciadas: negligencia, insultos, gritos, golpes, vejaciones. Tiene relevancia, y la tiene por una razón. A partir de los hechos, establecemos las naturalezas femenina y masculina. La violencia es vertical y se ejerce de arriba abajo. Las mujeres violentas infligen daño donde pueden y con quien pueden. También en las parejas homosexuales se registra maltrato de un hombre sobre otro.
El punto número siete tiene como objeto la ambigüedad sobre la maternidad. Y a éste se vincula el primer derecho femenino, a saber, el derecho sobre su cuerpo. Es siempre un cuerpo maltratado, enfermo, humillado: despelotarse para fastidiar a un obispo es un acto estúpido, se mire por donde se mire.
Se ha puesto de moda, con literatura incluida, la figura de "la madre arrepentida", esa misma que se agita como señuelo y estigma laboral. El sábado, en La Sexta Noche, se nos ofreció una bochornosa clase de Historia del Arte "en clave de género". Uno de los cuadros escogidos reflejaba una mujer asomada a una cuna. Según el profesor, su genial autora había sido castrada en la elección de la temática. Lo había pintado a la fuerza, por así decir. Al parecer, (a mí no me lo parecía), el rostro de la madre reflejaba angustia: la angustia de no poder escapar del ámbito doméstico. La pintura de los flamencos, con sus interiores burgueses, o no la recordó o es otra cosa. Cuando el feminismo ultracorrige, pues, y cuando los hombres pintan, hasta las naturalezas muertas, (un buen pedazo de atún y un vaso de vino), son arte libre. Nadie dijo nada. El plató estaba destemplado. El propio Iñaqui ponía caritas, al seguir la clase magistral. Ignoro qué pensaba, e incluso qué sentía: él mismo acaba de ser padre, con su pareja no solo televisiva.
Montserrat Caballé afrontó su carrera en los años 50 y tuvo una hija. Paloma O´Shea, sin embargo, se casó con Botín y se retiró de los escenarios. ¿Eran libres las dos? Si y no, como todo el mundo. Quizá a la pianista la asustaba el éxito y la tensión de encarar al público en cada concierto. Es un miedo muy humano, que también se observa en los hombres. Muchos de ellos no pueden con la vida y sucumben a las drogas y el alcohol, donde son amplia mayoría. 
En las filas de la literatura, detecto otro fenómeno disolvente. Proliferan las páginas de culto y los proyectos "para dar visibilidad". Después se habla de escritoras, todas ellas consagradas. Eso es hacer trampa, porque ni fueron ignoradas ni han sido olvidadas. Se confunde la literatura "hecha por mujeres" con la literatura feminista. En tal caso yo voy fresca, por Elías Cèlard. Reivindico con alegría sus fanfarronadas y su machismo de pirulí. Antes me cortaría una mano que dejarme censurar.

miércoles, 7 de marzo de 2018

¡Aló, presidente!

Fue una moda importada de la televisión norteamericana. Las productoras lanzaron ese "formato", (como les gusta decir), modernizando  España. Los programas estaban diseñados sobre el mismo esquema: una mesa, un entrevistador simpaticón y esquinado que anuncia a su invitado de esta noche, por lo general un hombre o una mujer muy, pero que muy famosos. En Estados Unidos sigue en antena Ellen DeGeneres. Por su tercer grado pasan hasta los "inquilinos de la Casa Blanca". Ella rompe moldes con respecto a España o al revés: aquí todos los presentadores fueron hombres.
No eran lineales entrevistas de estilo seco. En ellas había que hacer gala de "un gran sentido del humor". El periodista (o más bien los guionistas) tiraban de ironía o sarcasmo, y el entrevistado tenía que mantener el tipo y estar a la altura. Para darle movimiento, se introducían "esqueches de colaboradores". Eran los sub-bufones, siempre a la sombra de la estrella del momento. Algunos se emanciparon y probaron con programa propio, con mejor o peor suerte. La lista de nombres sería interminable: desde Buenafuente hasta Berto Romero. Los pioneros, aunque no era exactamente lo mismo, fueron Pepe Navarro y Javier Sardá, que hoy ejerce de tertuliano político.
Un paso más allá, se llegó al plató-parque de atracciones. Primero va la conversación con el invitado y luego llega la segunda parte: hay que tirarse por el suelo, probar pócimas, saltar, aguantando la artritis, el esguince o los tacones.
Los políticos de primera fila siguen siendo plato apetecido. Verlos bailar, hacer el pino o hundir la cabeza en un pastel de nata "los hace más humanos". La televisión alega sus razones contundentemente: o van al programa o no hay democracia. El problema, creo, está en la telegenia. Una cosa es el debate sobre el estado de la nación y otra las risas enlatadas. El nicho natural de Rajoy, por ejemplo, es el Parlamento. Yo lo digo siempre: Mariano, la tele no te quiere.
La tercera gran ola fue el estilo "follonero". Siempre es varón, (las señoras para el magazine de la mañana o las tardes de domingo). Joven, desaliñado, libre, incisivo, husmea los resortes del poder  y revisa las cloacas de este cochino mundo. Después cae el telón.
El follonero empezó a ser Jordi Évole la noche que se emitió la entrevista con Otegui. Iba de cachondón, sentados los dos en una escalera. Arnaldo arriba, Jordi abajo: ¡oye!, ¡macho!, ¿por qué no condenas la violencia? Le salen imitadores, pero ninguno le hace sombra. Cintora lo intenta y ya tiene 244 K de seguidores en Twitter. El laconismo de Iñaqui, en la Sexta Noche, es otra cosa, y recomiendo a Wyoming (¡ojo con el día 8!) que empiece a prescindir de su guapa auxiliar de vuelo.
El domingo 4 Évole plagió las Sagradas Escrituras. Inspirado en la pasión de Cristo, acabó crucificando a un inane presidente de la Xunta de Galicia. Le clavó los clavos uno a uno, pero era todo puro atrezzo: algo de pupa y poca sangre.
Se encontraron en Os Peares, el pueblo natal de Alberto. Había expectación, (no tanta), porque se iba a grabar Salvados. Nada más empezar, el showman le reprochó veladamente a su invitado que aprovechara "para hacer campaña", cuando era él el que se peleaba el share. Le tenía preparada la segunda trampa, sobre la que albergo serias dudas. Jordi había tomado una foto el día anterior de una pintada que había sido borrada. Estaba escrita en inglés, en Os Peares, sobre el Me Too: ¿en qué modo afectaba eso al presidente? El programa empezaba a apestar a marrón glacé. Poco o nada podía contestar Feijóo sobre el mural perdido. Pero Jordi le lanzaba a los espectadores un sobreentendido: el PP está contra los derechos de las mujeres, (¿?), y trata de tapar el acoso sexual y bla, bla, bla.
Le recordó sus "antecedentes penales" como votante del PSOE de Felipe González. A eso lo llamaba Évole "ser rojillo". Le chocaba que a Feijóo le guste Aute, (más bajo no se puede caer), y el presidente se sonreía, yo diría que de vergüenza ajena. La cosa iba más o menos así: si Feijóo no era lo que se espera de un pepero, neguemos lo que es en realidad. Ha de ser lo que el programa decide previamente: en secreto, (estoy segura), Jordi también estaba sufriendo.
Siguió hablando de fronteras, pero de las de Melilla. Y digo yo: Galicia linda con Portugal. Mira tú por dónde al muchacho le parecía muy fácil despachar el asunto con Marruecos, cuando no hay quien frene a un sector de sus paisanos, que  intenta levantar fronteras intraespañolas.
Continúa haciéndole la rosca (¡¡¡peligro!!!) con la experiencia de la paternidad tardía. La madre de la criatura (¡ojito las del día 8!) tenía que haber parido donde le ordene su macho. Además, de nada habría servido que fuera a un hospital "público": Cristina Cifuentes ingresó muy grave en el Hospital de la Paz y los sindicalistas del ramo quisieron desalojarla de la UCI.
No contento con eso, a Jordi le apetecía asomarse al futuro. ¿A qué colegio iban a llevar al niño? En todo caso cada uno nace donde puede y el 50% de niños vascos estudian en colegios concertados.
Siguió con los incendios, pero deteniéndose en una cuestión lingüística. Como el monte le arde a todo el mundo, (véanse los desastres anuales de California o Australia), Jordi se puso tiquismiquis: que si era terrorismo o no era terrorismo incendiario, y todo porque lo había negado no sé quién.
Metió al grupo Zara-Inditex por el medio, ¡cómo no! Estatut de Cataluña, "cargas policiales", (dicho así ya se entiende), encarcelamiento de "inocentes". Después llegó la brecha salarial, como si fuera el Padrenuestro, y la cuestión de la sucesión de Mariano, todo seguido.
Hubo un momento en el que Èvole me llamó friki también a mí. Sí, sí, tal cual, no bromeo. Es que me encantaba La Clave de Balbín, pero tendríamos que haber preferido "el un dos tres". Para el final, (estaba cantado), se reservó el asunto FARIÑA, con mucha chicha y poco nabo.
Es un error de primer orden jugar al juego de la tele. "Ese invento del demonio" está en el mundo, pero no es el mundo. La primera norma de un político debería ser (y lo hacen a menudo) "salir solo en directo". Por algo en el gremio se dice "riguroso directo". Salvados acumula metraje y después monta. Adulteran los guionistas un supuesto periodismo serio. Feijóo no fue más que un señuelo, una peonza para dar forma al catecismo de los nuevos ricos y sus productoras. Y se forran precisamente porque los vemos.