viernes, 24 de marzo de 2017

MINAS ANTIPERSONA

No hay pie que no se tope con una. O con tres o cuatro. El camino está sembrado de minas. Mira bien por dónde pisas. Lleva contigo un detector de metales. El chaleco salvavidas no está de más. Protege también tu cabeza: podrías no salir indemne.
Son minas antipersonales. Estallan siempre de tú a tú. No es un defecto de fabricación, un error de cálculo: están hechas para acabar contigo.
Aguardan soterradas y camufladas. Èse es su poder exterminador. En cuanto sienten tu huella...¡boooom!
Te están esperando, no a ti especialmente. Necesitan destruir, sobre todo lo que está construido. Su orden es el caos; tu orden es su condena. Saben muy bien lo que quieren, porque no lo saben en absoluto. Ni el más hábil artificiero esquivaría el primer impacto. Sólo hay una forma de escapar: alambrar la zona con alto voltaje. Habría que colgar un cartel, ¡PELIGRO! Abandona para siempre el lugar y busca otro paisaje. 
Viven para mutilarte y pecan por omisión. No se ponen en tu lugar, y menos si el panorama es bueno. Lo saben todo, son imposibles de complacer. Cuanto más lo intentes, más riesgo corres. Nunca miden el daño causado, ni miran atrás. Después de explotar, inician la retirada. Se creen Dios todopoderoso, ordenando el big-bang. La gravitación cósmica es la prueba de su autarquía.
No te escucharán nunca, no pierdas el tiempo. Su prioridad es el yo, sobre todo si se trata de ti. Navegan una calma chicha, clamando por la tempestad. Entre la detonación y el silencio mortífero, no existe nada.
Algunas son radioactivas: expanden el daño en un perímetro más amplio. O pones tierra de por medio, o sucumbirás del todo. No soportan la luz, son criaturas de la noche. No es difícil confundirlas, con otra cosa...
Si empiezas a estar cansado, no te lo pienses. ¡Camina libre por la pradera!, ¡es tu derecho! Quizá no sean más que pólvora mojada, ¡quién sabe! Están ahí desde antes de la guerra, como artillería desfasada.

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